Lo que comenzó en 2025 como una inquietud formulada en una clase de tecnología e informática de la Institución Educativa Manuel J. Betancur se convirtió en un referente de innovación ambiental presentado en la reciente Climate Week Medellín. El profesor Juan Carlos Blandón Vargas y sus estudiantes desarrollaron SIMECO, un sistema pionero que calcula la huella de carbono de las 421 sedes educativas públicas del Distrito.
Todo nació cuando el estudiante Sebastián Estrada levantó la mano y preguntó: «¿Cómo está contribuyendo el sector educativo de Medellín a las metas climáticas de Colombia?». Para dar respuesta, el colectivo de Líderes Ambientales de Medellín —integrado por alumnos de elaboración de audiovisuales y desarrollo de software— encontró en las facturas de servicios públicos la clave técnica para medir las emisiones indirectas de electricidad (Alcance 2).
Un sistema que mide, historiza y clasifica
Tras conseguir unificar el consumo mensual de las 421 instituciones oficiales en una sola base de datos, el software procesa la información guardando registros históricos desde enero de 2015. Esto permite no solo identificar los periodos de mayor consumo o ahorro, sino también generar un ranking con las diez instituciones que más energía gastan y las diez que más reducen su consumo.
Lo más transformador del proyecto ocurre tras el diagnóstico. Por cada sede, SIMECO genera automáticamente cuatro archivos estratégicos con planes de acción específicos:
Energía: Eficiencia y gestión para optimizar el consumo eléctrico.
Agua: Lineamientos para el uso eficiente del recurso hídrico.
Gas: Estrategias de ahorro en el consumo de gas.
Energía solar: Un cálculo preliminar que detalla cuántos paneles e inversores requeriría cada institución, estimando costos y viabilidad para la transición energética.
Guardianes climáticos y metas hacia el futuro
Colombia asumió el compromiso de reducir en un 51 % sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 y alcanzar la carbono neutralidad en 2050. Para el profesor Blandón, este propósito se construye en dos frentes: los planes de ahorro generan una cultura ambiental inmediata que abona el camino a 2030, mientras que la implementación de energía solar es el paso obligado hacia la meta de 2050.
El impacto del proyecto trascendió las pantallas gracias a los estudiantes líderes —incluyendo al personero y al contralor—, quienes se convirtieron en guardianes climáticos capacitando a los grados inferiores e incentivando la creación de nuevas ideas ecológicas. De esta manera, una simple pregunta escolar se consolidó como una solución real desde las aulas para transformar el futuro ambiental de Medellín.





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