Entre el canto ausente del chilaco en el Guaviare, la desaparición de los glaciares en el volcán Cumbal y la magia de las cámaras trampa en La Macarena, el cine se convirtió en un puente de asombro y reflexión durante la Climate Week Biodiversity 2026. En uno de los escenarios principales del evento, el teatro del Parque Explora acogió un emotivo cineforo liderado por el Instituto Humboldt, combinando el arte audiovisual con la urgencia de proteger la biodiversidad.
El encuentro hace parte de las más de 240 actividades que, por primera vez en América Latina, tienen a Medellín como epicentro de un debate global sobre soluciones frente al cambio climático. La cita, que se extenderá hasta el próximo sábado 10 de octubre, reúne a gobiernos, academia, empresas y ciudadanía en espacios como el Jardín Botánico y el Parque Explora, bajo la organización de la Alcaldía en alianza con redes y entidades públicas y privadas.
Historias que conectan la ciencia con los territorios
Ante una sala repleta de jóvenes y adultos mayores, el Instituto Humboldt —entidad adscrita al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible— proyectó tres cortometrajes documentales orientados a mostrar el monitoreo ambiental y la estrecha relación entre las comunidades y sus ecosistemas:
Ecos del gran Cumbal: senderos de memoria y futuro: Una mirada de 15 minutos sobre el retroceso y la pérdida de los glaciares en Nariño y otros nevados de Colombia.
Después del silencio: Un desgarrador relato sobre la deforestación en la Amazonía colombiana, donde la tala masiva para ganadería afecta profundamente a la selva y a sus habitantes.
Ojos en el bosque: Una recopilación de registros obtenidos mediante cámaras trampa en La Macarena, Meta.
Para Julián Andrés Sáenz, investigador del Centro de Apropiación Social de Conocimiento del instituto, el valor de estos espacios radica en "bajar un poco esa escala global en la que a veces se habla de cambio climático... y reconocer qué sucede a nivel territorial, qué acciones desarrollan las comunidades para proteger su territorio".
Tecnología, bioacústica y participación ciudadana
Durante la jornada, las investigadoras Angélica Díaz y Adriana Restrepo compartieron con el público los métodos científicos detrás de las producciones. A través de un ejercicio sensorial que invitó a los asistentes a cerrar los ojos y escuchar los sonidos de la naturaleza, se evidenció el poder de la bioacústica. Como ejemplo, señalaron que en un solo mes de monitoreo en el Guaviare se registraron más de 43.000 audios y cerca de 200 especies animales.
Ante las inquietudes del público sobre el manejo de volúmenes masivos de información, las expertas destacaron que la inteligencia artificial se ha consolidado como una aliada clave para interpretar datos complejos en tiempo real.
La propuesta audiovisual cautivó a los asistentes. Para Daniela Piedrahíta, estudiante de noveno semestre de Biología de la Universidad CES, este tipo de iniciativas democratizan el conocimiento científico: "Estas proyecciones ayudan a que sea más digerible para quienes no están en la academia. Lo más importante es encontrar la forma de involucrar a las comunidades locales en la conservación".
Entre la tristeza por la degradación ambiental y la esperanza reflejada en la ciencia participativa, el cineforo concluyó con un mensaje contundente: la urgente necesidad de frenar el impacto humano y entender que la humanidad forma parte indisoluble de la naturaleza.





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