En una emotiva ceremonia celebrada en el auditorio de la Institución Universitaria Pascual Bravo, Samuel José Peña González demostró que los límites solo existen en la mente. A sus 18 años, y tras haber enfrentado cerca de 40 fracturas debido a la osteogénesis imperfecta —conocida como la enfermedad de los "huesos de cristal"—, Samuel recibió su diploma como bachiller académico de la Institución Educativa Bello Horizonte.

Vestido con toga y birrete, y acompañado por su madre, Martha Cecilia Peña, y sus hermanos, el joven fue el protagonista de la jornada. Al ser llamado a la mesa principal, su hermano lo cargó para que pudiera recibir de mano de los directivos no solo su título, sino también una mención de honor por su destacada trayectoria institucional y su resiliencia.
Una vida de lucha y amor familiar
La osteogénesis imperfecta es una condición rara que afecta la formación de colágeno, haciendo que los huesos sean extremadamente frágiles. Desde los tres meses de embarazo, su madre recibió el diagnóstico, pero eso solo fortaleció el vínculo familiar. Martha, quien trabajó durante siete años en servicios generales del mismo colegio para estar cerca de su hijo, recibió también un reconocimiento por su compromiso inquebrantable.
“Este es un logro tanto para mí como para mi núcleo familiar. Agradezco a la Alcaldía de Medellín y a la Secretaría de Educación por brindarme el apoyo que he necesitado”, expresó Samuel con emoción.
El poder de la inclusión educativa
El camino de Samuel en el sistema público de Medellín es un caso de éxito para las políticas de inclusión y permanencia. Desde que ingresó a preescolar, la Institución Educativa Bello Horizonte realizó las adecuaciones necesarias, incluyendo la adaptación de mobiliario especial para que Samuel pudiera escribir con comodidad.
Sus compañeros lo describen como un joven de carácter positivo y gran sentido del humor. Hoy, con el diploma en sus manos, Samuel ya tiene trazada su siguiente meta: estudiar ingeniería en sistemas y programación, motivado por su pasión por la tecnología y los videojuegos.
Su historia no solo es un triunfo personal, sino un mensaje de esperanza para miles de estudiantes en condiciones similares: con el apoyo de una comunidad educativa empática y una familia dedicada, no hay diagnóstico que pueda detener los sueños de un joven antioqueño.


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