lunes, 26 de octubre de 2020

Estudiantes proponen diseños de abrazadores para niños autistas

Estudiantes de Diseño de Vestuario de la UPB donaron sus propuestas de alternativas de diseño de abrazadores para tratar el trastorno del espectro autista a Hugger Island, organización que a partir de objetos y experiencias enseña a manejar emociones como la rabia, la tristeza y el miedo.

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Propuesta de diseño de las estudiantes Sofía Rangel y Maria Camila Bustamante.

La iniciativa se dio cuando Viviana Otálvaro, directora de Hugger Island, se acercó al profesor de la  Facultad de Diseño de Vestuario Fausto Zuleta Montoya, para que hicieran realidad el deseo de ambos de colaborar en el diseño de abrazadores empleando los conocimientos y procesos de los estudiantes de este programa académico, los cuales podrían ser validados en la Fundación Diversidad.

Desde la clase de Confort, que consiste en mejorar la seguridad y el ambiente físico de lo que se usa para lograr un equilibrio entre estas condiciones, los estudiantes comenzaron a investigar sobre el autismo para estar mejor preparados a la hora de visitar la Fundación Diversidad donde los fisioterapeutas les mostraron algunas de las terapias que se realizan para trabajar las capacidades y deficiencias de cada niño.

Sofía Rangel, participante del proyecto, luego de ir a este lugar, aseguró que: “La experiencia fue muy bonita porque conocimos a los niños de la Fundación que tienen este trastorno y pudimos ver que no todos se comportan de la misma manera, unos eran muy amables, otros eran muy reservados. Con esa visita confirmamos aún más que era un reto, porque no es que tú llegues y les preguntes qué les gustaría mejorar o sentir, porque no te van a dar una respuesta concreta. Entonces nosotros como diseñadores solo podíamos tener muy buen ojo, estar atentos y seguir las recomendaciones que nos daban los terapeutas, para así diseñar algo que les fuera útil’’.

A partir de lo que hablaron con los fisioterapeutas a cada grupo de estudiantes se les asignó un sentido o terapia para trabajar, en el caso de Sofía Rangel y Maria Camila Bustamante fue la propiocepción, la cual se encarga de informarle al cerebro sobre las partes del cuerpo y sus movimientos, ya que las personas autistas normalmente no tienen conciencia sobre sí mismas y necesitan objetos para sentirse.

Tito y Fede, siameses que los niños pueden abrazar y sentarse sobre ellos.

Tito y Fede, siameses que los niños pueden abrazar y sentarse sobre ellos.

Además se buscaba que el producto fuera atractivo, ayudara a trabajar la motricidad fina, fuera accesible para que los niños puedan ponérselo y que fuera de fácil producción, limpieza y bajo costo. Requerimientos con los que Sofía y Maria Camila diseñaron a los siameses Tito y Fede, abrazadores (uno delantero y otro posterior) que los niños podrían abrazar, sentarse y acostarse en ellos, gracias a su abollonado en fibra de algodón siliconado.

Asimismo, estos tienen un overol confeccionado en tela piel de conejo relleno con fibra de poliéster que aporta peso para trabajar la propiocepción, corazones rellenos de plastilina para mejorar la motricidad de las manos y cintas de colores en licra que van en los laterales de los hombros para generar un roce y darle fuerza en los brazos cuando las halen.

Sin embargo, aunque la propuesta se haya concebido con los materiales anteriormente mencionados, Sofía y Camila, como los demás estudiantes, tuvieron que hacer uso de las herramientas que tenían en casa para producir sus prototipos dada la pandemia del COVID-19, lo que también hizo que los proyectos no pudieran ser validados presencialmente por los fisioterapeutas y los niños de la Fundación Diversidad.

Detalles de los abrazadores, incluyendo el corazón relleno de plastilina.

Detalles de los abrazadores, incluyendo el corazón relleno de plastilina.

Así que, cuando los diseños fueron aprobados por la Fundación, el docente y Hugger Island, por medio de exposiciones virtuales, algunos estudiantes decidieron ceder los derechos de explotación comercial de estos a la empresa de abrazadores. Aunque por ahora la organización no tiene la capacidad económica de producir a Tito y Fede ni a las demás propuestas de diseño que surgieron en esta experiencia, esperan llevar a cabo el desarrollo y dar los prototipos a la Fundación cuando tengan un benefactor o los propios creadores puedan invertir en comercializarlos.

Según Viviana, si se diera la oportunidad de desarrollar los proyectos, habría que hacer una validación de los prototipos con los niños con autismo, verificar dimensiones, costos, armar la historia del personaje para que el abrazador venga con el libro y determinar si la historia es para los papás, para los niños o para los cuidadores, y evaluar condiciones técnicas de producción y de mercado.

Cuando se haya aterrizado a esas condiciones, se podría empezar a producir un abrazador que más que ayudar a manejar las emociones, sería un apoyo para que la comunidad a la que va dirigido pueda producir más oxitocina para desarrollar mejores habilidades sociales y crear vínculos de afecto con las personas a su alrededor.

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